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informes especiales

21.05.2012  02:03
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Segundo informe

Cine y peronismo

La historiadora Clara Kriger analiza las relaciones entre la industria cinematográfica y los dos primeros gobiernos de Juan Domingo Perón (1946-1955) en su libro publicado por Siglo XXI Editores.

Doctora en Historia y Teoría de las Artes de la Universidad de Buenos Aires y vicepresidenta de la Asociación Argentina de Estudios de Cine y Audiovisuales (ASAECA), Kriger apela en Cine y peronismo. El Estado en escena, tanto al estudio del contexto sociopolítico y de las normativas implementadas por las gestiones peronistas como al análisis discursivo de varias de las películas más relevantes del período.

“El objetivo fue desbaratar esas ideas-fuerza de la historiografía clásica que sostenían que el cine del peronismo era pasatista y que no exponía la realidad. Traté de mostrar que este supuesto no era verdad y que, precisamente, fue durante el peronismo cuando se empezó a colar la realidad en el cine argentino”, señala Kriger.

Escenas de Dios se lo pague y Cosas de mujer.


El libro también busca reflexionar sobre el significado real de la intervención de los Estados nacionales en las industrias cinematográficas de aquellos países que no tenían la penetración internacional de las grandes compañías de Hollywood.

“En esa indagación pude comprobar que el apoyo del Estado hacia las cinematografías nacionales se vuelve absolutamente obligado a partir de esos años en todo Occidente. Así que lo que había pasado en la Argentina durante el peronismo no era algo extraño”, señala.

Kriger muestra que a partir de la Segunda Guerra Mundial se produce un racionamiento de película virgen en todo el mundo, porque para su fabricación era necesaria la nitrocelulosa, un material que también se utilizaba para hacer explosivos. Esta situación provocó un encarecimiento de los costos de producción que, a su vez, volvió más visibles los problemas estructurales que ya había en la industria nacional.

“Los productores comenzaron a reclamar por los contratos que los unían a los exhibidores, a los que calificaban de leoninos. Así que solicitaron el apoyo del Estado para que interviniera en las negociaciones. Es decir que, poco a poco, los propias compañías empezaron a ver que el Estado no era un adversario sino que era parte de la solución”, señala la investigadora.

Ante la solicitud de los productores, el Gobierno peronista aplicó las mismas líneas de intervención que tuvo hacia las otras industrias. Es decir, medidas que apuntaban a la sustitución de importaciones (fijación de una cuota de ingreso para las películas extranjeras); la protección de la filmografía nacional (exhibición obligatoria de cine argentino y cuota de pantalla para la permanencia en las salas); y, finalmente, líneas de créditos muy blandos.

Escenas de Mercado de Abasto y Las aguas bajan turbias.


“La política cinematográfica adquirió una importancia central en el desarrollo de la actividad industrial. Sin embargo, las medidas gubernamentales no se convirtieron en un control generalizado de argumentos o formatos en las películas”, sostiene Kriger.

De acuerdo a su investigación, la producción del período supera los 400 largometrajes y en ninguno de ellos hay alusiones a las personalidades del gobierno ni a los rituales peronistas. En los filmes, sin embargo, se revelan representaciones de un Estado fuerte, con instituciones que funcionan de forma eficaz, desde hospitales y escuelas hasta penitenciarías, comisarías y entes de recaudación fiscal.

Apenas un delincuente.
El análisis incluye filmes que van desde el clásico del melodrama Dios se lo pague (Luis César Amadori, 1948), hasta el policial Apenas un delincuente (Hugo Fregonese, 1949), pasando por obras como Alma de bohemio (Julio Saraceni, 1949), Cosas de mujer (Carlos Schlieper, 1951), Mercado de Abasto (Lucas Demare, 1955), Deshonra (Daniel Tinayre, 1952) y Las aguas bajan turbias (Hugo del Carril, 1952).

También se advierte –por primera vez en la historia argentina- una importante producción de cortometrajes documentales que apuntaron a la difusión y la propaganda de los actos y las políticas oficiales y la exaltación de los principales dirigentes partidarios.

Entre la producción oficial, Kriger destaca el carácter innovador de una serie de docudramas que incorporaban elementos ficcionales con el objetivo de lograr una identificación sentimental e identitaria de los espectadores. Estos cortometrajes estuvieron a cargo de directores renombrados como Luis César Amadori, Mario Soffici, Enrique Cahen Salaberry, Alberto Soria y Ralph Pappier y tuvieron como protagonistas a Fanny Navarro, Analía Gadé, Ángel Magaña, Juan Carlos Thorry y Enrique Muiño, entre otros.

Asociación Argentina de Estudios de Cine y Audiovisual (ASAECA)
Fundada en abril de 2008, la ASAECA tiene por objetivo promover distintos tipos de colaboraciones entre profesionales de la investigación, realización y crítica audiovisual; creando, en el diálogo, la posibilidad de acciones conjuntas, proyectos y apoyos culturales desde o para los estudios de cine y audiovisual.

 
Escenas de No habrá más penas ni olvido, sobre el peronismo, filmada en 1983 y basada en el libro homónimo de Osvaldo Soriano.
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