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historia

21.05.2012  02:10
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Cine político y social

Primavera política y represión 1969-1983

Fue una época de extremos: por un lado, grupos de alto compromiso social y militancia política y, por otro, producciones pasatistas que negaban una época negra de la historia argentina, con frecuentes y siniestros golpes militares.



Argentina, mayo de 1969: los caminos de la liberación (1969) es una película colectiva, que reunió directores de diferentes extracciones (tales como el ya veterano Rodolfo Kuhn y futuros referentes del cine militante, como Jorge Cedrón) para reportar la rebelión popular conocida como el "Cordobazo", signo de un nuevo tiempo en que el compromiso político reclamaba una toma de posición. Raymundo Gleyzer puso su cámara al servicio del Ejército Revolucionario del Pueblo en material de circulación clandestina tal como el comunicado Swift (1971), cortometraje que resume el secuestro de Stanley Silvester, cónsul británico de Rosario y gerente del frigorífico Swift.  La toma de posición de una película como The players vs. ángeles caídos (Alberto Fisherman, 1969), una oscura alegoría acerca de una sociedad dividida en sectores inconciliables, más que una militancia política directa, se decantó por una experimentación formal inaceptable en los circuitos comerciales, en los que alcanzó a estrenarse,  con un éxito que hoy llamaríamos de culto, y que la convirtió en el referente y la esperanza de otros realizadores que pensaron la opción de un cine underground que revolucionara la realidad desde la percepción, ... (Puntos suspensivos) (Edgardo Cozarinsky, 1970) y La familia unida esperando la llegada de Hallewyn (Miguel Bejo, 1971), son ejemplos luego reivindicados de esta corriente.

El retorno democrático de 1973 liberó la presión ejercida sobre la industria cinematográfica,  dando nacimiento a una serie de películas , tales como La patagonia rebelde (Héctor Olivera, 1974) o Quebracho (Ricardo Wullicher, 1974), que revisaron con realismo crítico  la historia argentina y que fueron respaldadas con el interés profundo de la opinión pública, que llenó las salas de exhibición hasta hacer evidente la existencia de un renacimiento artístico, y un respaldo popular inaudito hacia los planteos renovadores que se mantuvo durante un par de temporadas más, dejando tras de sí otras películas memorables. La raulito (Lautaro Murúa 1975) y Nazareno Cruz y el lobo (Leonardo Favio, 1975), una con su acercamiento arriesgado a la sexualidad transgénero y la otra con su puesta en vigencia del radioteatro como forma popular, fueron lanzadas durante este corto período de libertad institucional.

La única manera de expresar abiertamente la situación nacional durante el proceso pudo darse, otra vez, desde la clandestinidad, Las AAA son las tres armas – Carta abierta de Rodolfo Walsh a la Junta Militar (Jorge Denti, 197?), es una lectura filmada, en un interior anónimo, donde un grupo de supervivientes se pasan el mate, del último texto publicado por Walsh antes de su desaparición.  La propaganda del régimen se introdujo desde las producciones oficiales que tanto celebraban el estado de las cosas, como en La fiesta de todos (Sergio Renán, 1979), como pugnaban por justificar a la juventud la represión, enmascarada de aventura, en Comandos azules (Emilio Vieyra, 1980). Batallando contra la censura, el dúo de cómicos Alberto Olmedo y Jorge Porcel consiguieron con comedias como A los cirujanos se les va la mano (Hugo Sofovich, 1980), combinaciones de humor negro, cinismo y anarquía , que sintonizaron con el gusto popular de los años duros de represión.

Las alusiones elípticas fueron troncales a la narrativa del cine de autor durante el período. En interiores sofocantes y psicologías torturadas, los personajes de La isla (Alejandro Doria, 1979) o de El poder de las tinieblas (Mario Sábato, 1979), luchaban en vano contra la desesperación.  Es una remodelación del género policial, sin embargo, la que se plantea como síntesis artística de los años finales del proceso militar en Tiempo de revancha (Adolfo Aristarain, 1981), donde, siguiendo el recorrido de un improvisado estafador, lograba proyectarse una radiografía del nihilismo imperante; fórmula que repetiría un año más adelante Plata dulce (Fernando Ayala, 1982), resumen irónico de los desórdenes económicos que ya resentían la clase media.

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