Estreno: 12 de noviembre
El último verano de la Boyita
El segundo largometraje de Julia Solomonoff, llega a los cines argentinos luego de un exitoso paso por el Festival de San Sebastián. Ya había tenido su presentación en la sección oficial del BAFICI.
02 de noviembre del 2009
Rodada en la ciudad entrerriana de Urdinarrain,
El último verano de la Boyita narra el despertar del interés sexual de dos preadolescentes. Jorgelina es una niña de 11 años que tiene a sus padres separados -y una hermana mayor que ya ingresó en la adolescencia-, y que por primera vez se va sola, junto a su papá, a pasar las vacaciones al campo. Desde su punto de vista, se describe el vínculo que entabla con Mario, el hijo de los encargados de la estancia. Luego de una cabalgata, descubren que hay una mancha de sangre en la montura. Y otra en el pantalón de Mario. El chico no sabe por qué, pero él no es como los demás. Jorgelina será quien lo acompañe en el camino de descubrimiento y aceptación de su sexualidad.
La directora revela que el punto de partida de la historia tiene componentes autobiográficos. “Cuando tenía más o menos la misma edad que Jorgelina escuché que mis padres (ambos son médicos) hablaban del caso de un chico que tenía una tipología similar a la de Mario. Fue la primera vez que supe que era posible una sexualidad que no fuera varón o mujer en términos tan binarios. Y fue justo cuando yo estaba por entrar en la adolescencia. Así que eso marcó mucho mi manera de vivir esas transformaciones que pasamos todos y de pensarlas en un sentido más amplio y más complejo”, recuerda.
El personaje de Mario no es un hermafrodita, sino que tiene hiperplasia suprarenal congénita. Es decir que genéticamente es una nena, pero con un clítoris más grande.
Solomonoff aclara, sin embargo, que la raíz de la película está en las diferentes connotaciones que atraviesan la sexualidad. “Mario fue buscado, juzgado y educado como varón. Se trata de entender que la identidad sexual es un conglomerado de cuestiones biológicas, culturales, sociales”, explica.
La responsable de
Hermanas (2005) dice que “tenía miedo de caer en el sensacionalismo, en algo oportunista” en el tratamiento de la historia de Mario. En ese sentido, considera que fue fundamental encontrar el punto de vista de Jorgelina para contar lo que sucede en la película. “Ella está atravesando el pasaje de la infancia a la adolescencia, donde vive una especie de apertura, de empatía por aquel que es distinto. Tarde mucho en encontrar ese punto de vista, aunque hoy parezca bastante obvio. Me facilitó muchas cosas encontrar ese punto de vista, porque la mirada de la nena me abrió un nivel de preguntas, de curiosidad, de confusión, de desprejuicio. Los adultos se hacen un gran drama por algo que ninguno de ellos dos lo ve de forma trágica”, señala.
El personaje de Jorgelina está a cargo de Guadalupe Alonso y Nicolás Treise interpreta a Mario. El elenco también está integrado por Mirella Pascual (Whisky), Gabo Correa y Guillermo Pfenning. Ganadora del Fondo Metropolitano e Ibermedia, El último verano de la Boyita es una coproducción de la compañía española El Deseo (a cargo de los hermanos Pedro y Agustín Almodóvar), Travesía, Pepe Salvia y Epicentre(Francia).
La película no juzga a sus personajes ni a sus comportamientos. “El cine muchas veces impone un castigo moral por sus personajes. Las películas de los grandes estudios de Hollywood están atravesadas por una impronta muy puritana, que impone la necesidad de la redención de los personajes. Y se recurre de manera demasiado fácil a la violencia y a la muerte para dar valor a los temas que se tratan, pensando que de esa forma se le confiere una trascendencia y una gravedad, cuando en realidad se termina banalizando la muerte, el tema y la propia película. Yo quise mostrar el tema de la forma menos violenta posible”, sostiene. Solomonoff agrega que en esa recurrencia a la muerte de los personajes “hay un componente muy hipócrita que es que se los castiga diciendo que eso muestra cómo actúa la sociedad, que no resiste lo diferente. Pero de esa forma se reproduce esa violencia. Por eso yo siento una responsabilidad en el uso de la violencia y de la muerte”.
La “Boyita” a la que hace referencia el título se trata de una casa rodante popularizada en los años 70 y principios de los 80 que tenía la capacidad de flotar. Solomonoff tenía uno de esos “anfibios domésticos” en el jardín de su casa, dentro del cual jugaba y representaba un espacio de intimidad. La directora describe al personaje de Jorgelina como una “niña preadolescente que está descubriendo la soledad, porque es la primera vez que va a dormir sola en su cuarto, sus padres se han separado y su hermana se va de vacaciones sola con su mamá. Ella está descubriendo esa intimidad, ese espacio de exploración, con cierta melancolía a la que le lleva esa soledad”.
En ese sentido, el filme observa a sus personajes con pudor, preservando su propia intimidad. “Vivimos una época en donde uno prende la televisión y hay una suerte de apología de la exhibición. El pudor de la película no tiene que ver con la represión sino con un guardarse y resguardar al otro. También creo que es bueno para el espectador que le quede algo para sí, para su imaginación, para su reflexión, para su propia memoria de su infancia. No creo que haya que poner todo en la vidriera. Es una apuesta a entender que lo visible es una punta de un iceberg, a comprender que todo es más complejo y más profundo de lo que está expuesto. En ese sentido, es lo opuesto a un reality show”, explica.