Nacido en Buenos Aires en 1982, Matías Piñeiro estudió en la Universidad del Cine, donde actualmente es docente y programador del cine-club. En 2006 fue uno de los once directores del filme colectivo A propósito de Buenos Aires. Al año siguiente rodó El hombre robado, su ópera prima. Fue galardonada en los festivales de JeonJu (Corea del Sur) y Las Palmas (España). En el Buenos Aires Festival Internacional de Cine Independiente (BAFICI) de 2009 presentó su segundo filme, Todos mienten, que fue considerada la mejor película argentina de la competencia internacional y recibió una mención especial del jurado. Ese mismo año fue invitado por el festival de JeonJu para realizar un mediometraje.
El hombre robado comenzó siendo un corto cuyo guión fue rechazado en un concurso de extracurriculares de la Universidad del cine. Gracias a Manuel Antin y Mario Santos pude conseguir seis días de cámara y luces para filmarlo de manera extra-extra curricular. Lo hice en 16 mm. blanco y negro porque era lo más barato que podía conseguir para hacerlo en fílmico.
Pasaron un par de calamidades: entre que se soltó la película en la bolsa negra y se tuvo que cortar y manosear el material aún no revelado hasta que la empresa del material virgen otorgó material en mal estado, literalmente podrido… pero el corto se terminó.
Después junto con el montajista y amigo Alejo Moguillansky, nos dimos cuenta de que el corto no estaba bueno… que algo le faltaba; los personajes nos gustaban, también algunas situaciones y un par de planos.
Lo que sucedía es que el corto siempre había sido un largo, pero uno que permanecía atrofiado. Más precisamente, le faltaba el desarrollo.
Alfred Hitchcock dice que es fácil terminar una película y más aún tener la idea para comenzarlo, el desafío se encuentra más bien en cómo lograr desarrollarlo con maestría. De ahí el suspense… ¡Qué me importa ver cómo ponen una bomba y ver cómo explota!, lo emocionante es mantenerse en el latente riesgo entre estos dos momentos.
Así, una noche con Alejo contuvimos la explosión y dibujamos en un papel A4 cómo iban a desarrollarse todos los materiales que ya estaban en el corto. Al final de dicho diseño nos miramos y con risa nerviosa dijimos: “¡Es un largo!”.
El hombre robado pertenece en gran parte a Alejo Moguillansky pero también a su protagonista María Villar, a quien disfruto cada vez más de poder filmar.
La película se filmaba, se editaba, se re-escribía, se ensayaba, se volvía a filmar y después a escribir nuevamente para volver a filmar.
Este proceso vital fue acompañado por un equipo casi constante a lo largo de todo el 2006. Al año siguiente se proyectó en el BAFICI y en 2008 se estrenó en el MALBA.
Un par de premios en festivales extranjeros permitieron repartir dinero entre el equipo y lograr financiar mi segunda película Todos mienten.
Cada experiencia nutre a la próxima cada vez.
Así espero continuar: aprendiendo a rodearme de la gente que realmente quiero para trabajar y con quien siento placer de su compañía. Sabiendo escuchar a quien tengo al lado para poder hacer de la película una creación colectiva que siempre es mejor que la terca y solitaria. Insistiendo sobre lo que se busca obtener; es decir, trabajando. Aprendiendo otra vez a divertirme, a sorprenderme y a comprender la noción de ritmo y musicalidad de las imágenes y sonidos que el cine que me más gusta lleva a sus mejores momentos.