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mi primera película

21.05.2012  23:17
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Solos en la ciudad

Diego Corsini

"No perder nunca la capacidad de asombro" es la primera reflexión que el director de Solos en la ciudad, que se estrena el 13 de octubre, comparte sobre su ópera prima.
07 de octubre del 2011



Hacer mi primera película... esa es la clave para mí: la primera y no la única.

La memoria se comporta de manera caprichosa. Por más que intento ordenar cronológicamente los recuerdos de todo el proceso de realización de Solos en la Ciudad, es imposible.

Trato de pensar en el día en que se me ocurrió la idea, pero automáticamente salto al tercer día de rodaje ¿Por qué el tercero? me pregunto. Pero rápidamente lo entiendo: ese día cortamos una calle entera (Humboldt, a la altura de Niceto Vega, justito enfrente de Cinecolor) y en un momento, mientras armaban un tamiz gigantezco, me paré en medio de la calle, solo (en la ciudad...). Miré a mi alrededor y mientras veía ese equipo que entre elenco, técnicos y extras eran más de 50 personas, se me puso la piel de gallina: esto es real, estoy dirigiendo una película.

Por alguna razón, ese recuerdo se pega al momento más duro: cuando tras 3 meses de idas y vueltas, en una reunión con mis socios, tratábamos de asimilar que el dinero para el rodaje no iba a entrar a tiempo y que tendríamos que suspender por lo menos por un año la filmación.
Será por represión o esa tendencia que por suerte tenemos los humanos a evitar el sufrimiento, que la memoria me lleva sin pausas a otra ocasión mucho más placentera: El momento en que Solos en la Ciudad ya tenía su primera copia en 35mm, el momento en que la película estaba terminada. Cuando vi por primera vez en pantalla grande la secuencia de títulos inicial, intenté contenerme, pero las lágrimas cayeron sin poder hacer nada al respecto.

Casi como una secuencia de montaje donde la música acompaña una sucesión de imágenes varias, vienen rápidamente a mi cabeza cientos de recuerdos: el día en que el INCAA declaró de interés la película (cómo gritamos de alegría ese día), el momento en que veía mi auto inundarse por la tormenta en esa misma época en que el dinero no aparecía (parecía que nos habían hecho un gualicho), cada uno de los numerosos ensayos con el elenco, los días en que rogábamos que no lloviera para no suspender la jornada de exteriores, el momento en que con la montajista terminamos de ver el corte final y nos dijimos: hay película...

Y creo que por fin mi cabecita inquieta decide darme bola y llevarme al origen al mejor estilo flashback.

Yo tenía una imagen en mi cabeza: amanecer en costanera, una pareja joven abrazada, observando como el sol se asoma por el horizonte, emergiendo por el río. Y tenía un objetivo claro: hacer un largometraje.

Y arrancamos con un montaje en paralelo:

El día en que filmamos esa secuencia inicial de la película. El día anterior hubo una tormenta eléctrica y me acosté pensando que tendríamos que suspender la jornada.

Retrocedemos un tiempo a otro amanecer pero en el mismo lugar, donde con mi novia MarySol (qué casualidad el nombre...) nos pusimos en la piel de los protagonistas mientras Pablito Grillo nos sacaba fotos para empezar a tener un diseño de gráfica y estética. El sueño empezaba a tomar forma.

Vamos más para atrás, cuando, en el estudio de Morón de mi primo Sebastián Botticelli, dialogábamos como si fuéramos Flor y Santi y empezábamos a escribir las líneas de esa primera escena.

Saltamos para adelante varios meses, ya con Felipe y Sabrina en la piel de los protagonistas, ensayando esa misma escena, en esa misma costanera.

Y volvemos al momento de rodaje, cuando a las 2.30am me desperté y vi el cielo totalmente estrellado. No lo podía creer...

Más tarde, ese mismo día: El sol aún no salía, el cielo era maravilloso. Apenas una bruma en el horizonte que se teñía con esos tonos cálidos incomparables. El equipo preparado, Colombo y Garciarena ya no eran ellos... los que estaban ahí eran SANTI y FLOR... Alguien grita: “ahí sale, ahí sale”... todos se ordenan en sus lugares y yo finalmente grito: ACCIÓN...

En los monitores veía por fin esa imagen que hacía unos años estaba en mi cabeza. ¿Qué era lo más asombroso? Que era aún más bella de lo que me la había imaginado...

Y ahora me doy cuenta: la memoria no es caprichosa; es montajista. Y se adapta a la mente de quien la dirige, aunque sea de forma inconsciente.

Pero esta película no termina ahí, recién estamos entrando en el climax. Ya me conozco, me gustan los guiones circulares, así que les adelanto el final: sala llena (ojalá), yo tratando de no colapsar por los nervios; se abre el telón y ahí aparece, esa misma imagen que dio inicio a todo...

Y es el final, pero es también el principio. Y volvemos al comienzo: que sea la primera, pero no la única.

Diego Corsini, dando indicaciones durante el rodaje.
Diego Corsini, dando indicaciones durante el rodaje.
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