Hermanas
Vanessa Ragone
Egresada del ENERC y directora de varios documentales, relata su experiencia como produtora ejecutiva en la ópera prima de Julia Solomonoff.
25 de junio del 2009
Egresada del Centro de Experimentación y Realización Cinematográfica, entre los documentales que dirigió se encuentran Ayllus, el pueblo (1999), Un tal Ragone, deconstruyendo a pa (2002) y Los 100 días que no conmovieron al mundo (2008). Fue la productora ejecutiva de Los muertos (Lisandro Alonso, 2004); Hermanas (Julia Solomonoff, 2005); Cara de queso (Ariel Winograd, 2006); y M (Nicolás Prividera, 2007). Entre sus proyectos actuales se encuentran Las viudas de los jueves (de Marcelo Piñeyro), El secreto de sus ojos (Juan José Campanella) y La muerte lenta de Luciana B. (Adolfo Aristarain).
En realidad es a Julia Solomonoff a quien le debo toda mi relación con la producción de cine de ficción. Éramos compañeras de la escuela de cine, y sus proyectos siempre me interesaron mucho. Así que produje sus cortos de un modo muy amateur.
Después comencé a trabajar como jefa de locaciones en películas como Buenos Aires Viceversa, para ganarme la vida. Y también trabajé en Cine Ojo, que me llevó a adentrarme en el mundo del documental de autor.
A fines de la década de los 90, Julia volvió de Estados Unidos con el proyecto de hacer
Hermanas. Era una producción complicadísima, porque tenía cuatro semanas de rodaje en Estados Unidos. Cuando leí el guión sentí que no tenía ni la menor idea de cómo producir semejante proyecto. Después fue pasando el tiempo, lo tuvieron otros productores entre manos, pero no se podía hacer.
En 2001 fui a ver un documental que se había hecho en Suecia sobre un sobreviviente de la dictadura argentina y me dije que teníamos que hacer la película de Julia.
Me pareció que hasta ese momento no se habían dado las condiciones políticas para hacer una película como Hermanas, porque estábamos metidos en la mostaza de dijón de la convertibilidad… La discusión política sobre la participación civil en la dictadura se había olvidado. Pero creí que había llegado el momento.
Con Julia empezamos a buscar financiamiento de la manera más delirante que se nos podía ocurrir. Hasta que logramos un acuerdo de coproducción con Tornasol, una de las productoras más importantes de España.
Cuando salimos del uno a uno, el proyecto se volvió nuevamente inviable. Pero hicimos acuerdo de ventas con Patagonik, que fue muy extraño, porque era una ópera prima y sobre un tema poco taquillero, al menos en ese momento.
Hasta ese momento no estaba en mis planes dedicarme a la producción, fue ese contacto con Julia el que me involucró. Al poco tiempo vino Lisandro Alonso, que estaba buscando productora ejecutiva para
Los muertos…